Muchos de mis clientes, cuando se interesan por implementar la parte digital en su agencia inmobiliaria, lo ven como algo separado del resto.

Es por eso que una de las primeras recomendaciones que hago, es compartir con todos los miembros del equipo cada una de las acciones digitales que se van a realizar.

Eso pasa por contarles qué tipo de contenidos se van a empezar a publicar en Redes Sociales, qué páginas se van a cambiar de la web o qué campañas publicitarias se van a poner en marcha.

Cada una de las personas que forman parte de tu agencia inmobiliaria, necesitan conocer de qué manera se está mostrando tu negocio en internet.

La consistencia en tu mensaje es importante

Uno de los motivos por los que te recomiendo comunicar a todas las personas de tu equipo qué estás haciendo en el entorno digital, es la consistencia.

¿Pero qué quiero decir con consistencia?

Fácil. La mejor manera de transmitir confianza a tus clientes es mantener la coherencia de tu mensaje en todos los canales.

Y necesitas esa coherencia porque tu cliente recorre un largo camino antes de decidirse a contactar contigo.

Cada una de las personas que forman parte de tu agencia inmobiliaria, necesitan conocer de qué manera se está mostrando tu negocio en internet.


Controla cada punto del camino

Como siempre voy a utilizar un ejemplo para explicarte lo que quiero decir.

Y para este ejemplo voy a hablarte de una situación que seguro te resulta familiar: un propietario o propietaria entra en tu local y te dice: “Hey. Quiero vender mi piso. ¿Me puedes ayudar?”

Vale. Es probable que esta situación te resulte menos familiar de lo que te gustaría. Pero lo cierto es que pasa. Y podría sucederte más a menudo. Pero eso es tema de otro post.

Volvamos al ejemplo. Entra un cliente a tu oficina y te dice que quiere vender su piso. ¿Qué haces?

Probablemente llevarlo a tu despacho, ofrecerle un vaso de agua o un café y darle al ON a tu discurso comercial. Sabes que si el cliente ha venido a ti, tienes muchas posibilidades de coger el encargo.

¿Qué haría yo?

Antes de empezar a contarle todo lo que puedo hacer para ayudarle, le preguntaría cómo me ha conocido. Y lo haría porque es la única forma de saberlo.

Cuando mis clientes empiezan a preguntar a sus clientes, las cosas empiezan a cambiar. Y no se trata de algo tan complicado ¿verdad?

Descubren que muchas de las acciones de marketing que llevan a cabo, probablemente muy caras, no son las que les traen clientes.

Y se dan cuenta de lo largo que es el proceso hasta que llega el momento en el que sus clientes están sentados frente a ellos.

El primer contacto

En este caso, al preguntar a mi cliente, me cuenta que un día hablando con el peluquero del barrio, este le habló de mi agencia inmobiliaria. Y entonces vino corriendo a contratarnos… Nooooooo. Es broma.

Lo que pasó fue que, al cabo de unos días, intentó encontrarnos en internet para ver nuestra página web. ¿Pero sabes qué pasó? No recordaba bien el nombre.

Mi web (posicionamiento)

Después de intentar encontrarme por nombres como Fincas David o David Inmobiliaria, escribió en Google “mejores inmobiliarias cerca de mi”.

Llevo tiempo trabajando el posicionamiento de mi página. Así que encuentra un artículo mío en primera posición con un listado de las 10 mejores agencias inmobiliarias de la zona, entre las cuales estaba la mía.

Al entrar en el artículo y ver el nombre la página, recuerda que soy la inmobiliaria de la que le habló su peluquero.

Lee el artículo y navega un poco por la web.

Como quiere vender su piso va directamente a buscar la página de mi web en la que le cuento paso a paso cómo trabajo, qué me diferencia de los demás y cuánto cobro.

Pero no se detiene ahí. También ha leído mi artículo sobre las mejores inmobiliarias de la zona. Así que visita la página web de al menos 3 agencias más.

Mejor para mí. No encuentra la información que busca y sus páginas están mal diseñadas comparadas con la mía.

Fuera de la web

Al hipotético cliente le ha gustado nuestra web, sabe cómo trabajamos y cuánto cobramos, le hemos hablado de otras opciones (competencia), ha podido compararlas y todo sin salir de su casa.

Ahora quiere ver qué piensan otros de mí. Va a ir a buscar opiniones y testimonios. En mi web ha podido leer algunos pero me los podría haber inventado.

Así que busca mi nombre en la web (ahora ya lo recuerda) y aparecen las opiniones de Google.

Encuentra opiniones negativas, pero también muchas positivas. Por algo llevo meses trabajando una estrategia de reputación, que me ha ayudado a conseguir que mis clientes dejen una valoración sobre su experiencia conmigo.

Ya tiene la información y comprueba que cumplimos con lo que decimos. Todo va bien.

Ahora visita mis redes sociales. Quiere ponerme cara.

En mi perfil de Instagram encuentra fotos y vídeos del día a día en la oficina. También puede leer algunos tips para propietarios que le he dejado en mis Stories.

Dando un paseo por Facebook encuentra el vídeo del último evento en el que participamos ayudando a una asociación del barrio.

Está empezando a sentirse identificado con nuestra marca. Pero aún no se fía del todo.

Y así llegamos al último paso. La oficina.

Visita a mi oficina

El mismo cliente decide para por nuestra oficina para comprobar en persona si lo que ha visto en internet es verdad.

Entra y las caras le resultan conocidas. Incluso sabe cómo se llama la persona de recepción y el comercial que le atiende. Todo le resulta familiar.

Y cuando dice “Hey. Quiero vender mi piso. ¿Me podéis ayudar?”, el comercial le cuenta exactamente lo mismo que ha leído en nuestra web y le da ejemplos de historias de éxito que ha leído en las opiniones de Google.

Y eso es consistencia. ¿Crees que ese cliente acabará trabajando conmigo?

Pues no lo sé. Lo que sí que sé es que cuando llegó a mi oficina tenía más del 70% de su decisión tomada. Así que es posible que sí.

Hasta la próxima semana.