Cuando empecé a formarme en marketing digital, tenía muchas ideas en mi cabeza sobre lo que iba a aprender y cómo iba a cambiar mi vida a partir de entonces.

Recuerda que yo nunca me había dedicado a esto. Llevaba más de 12 años trabajando en el sector inmobiliario como asesor, responsable o director de oficina.

Pero todo eran suposiciones que muy pronto caerían por su propio peso.

No me entiendas mal. Me encanta lo que hago. Y el primer máster al que me apunté sobre marketing digital me enseñó gran parte de lo que sé ahora.

El problema era que en ese momento no tenía objetivos claros. Recibía tanta información nueva, que me resultaba imposible evaluar si estaba aprendiendo algo o no. Incluso me planteé abandonar en más de una ocasión.

Iba, como habrás escuchado alguna vez, como pollo sin cabeza.

La metodología SMART

Cuando pensamos en un cambio, ya sea en nuestra vida laboral o profesional, normalmente ese cambio va ligado a un objetivo.

Cambiamos de trabajo para ganar más o tener mejor horario, cambiamos de coche para ganar en comodidad o prestaciones, o vamos al gimnasio para vernos mejor o sentirnos más saludables.

Hagamos lo que hagamos, casi siempre hay un objetivo detrás.

Del mismo modo, cuando pensamos en una estrategia para llegar a nuevos clientes, lo hacemos con un propósito. Pero no siempre tenemos claro cuál es.

Es en esos casos cuando la metodología SMART puede convertirse en una guía que nos ayude a entender por qué hacemos las cosas y si son realmente las cosas que tenemos que hacer.

Fue utilizada por primera vez por George T. Doran en 1981. Y desde entonces millones de negocios han basado sus estrategias de marketing en ella.

¿Qué es un objetivo SMART?

SMART es un acrónimo de los términos Specific, Measurable, Achievable, Relevant y Time-Bound. Y también quiere decir inteligente.

Así que si quieres saber si el objetivo que te has fijado es inteligente y adecuado para tu negocio, solo pregúntate si cumple todos los requisitos de un objetivo SMART.

Specific (Específico)

¿Sencillo verdad? Tus objetivos deben ser específicos.

No basta con decir que quieres más clientes. Necesitas concreción. Plantéate por ejemplo conseguir 30 clientes nuevos.

Si quieres resultados tangibles, necesitas objetivos concretos.

Measurable (Medible)

Parece algo de sentido común. El problema es que, como decía Voltaire, “El sentido común no es nada común”.

Necesitas medir tus resultados, sean buenos o malos. Sin cifras y datos que apoyen tus acciones, solo puedes basarte en asunciones e intuiciones para tomar decisiones.

Mide todo lo que haces y sus resultados por insignificantes que te parezcan.

Achievable (Alcanzable)

Sé realista. Si en un año consigues 100 clientes nuevos de media, no te pongas como objetivo conseguir 1.000 en 6 meses.

Ponte objetivos realistas y factibles. Sino la frustración y el abandono picarán a tu puerta antes de lo que crees.

Por ejemplo, si has crecido un 3% en tu facturación durante los últimos años, quizá sea un objetivo alcanzable crecer el 4% durante este año.

Si lo consigues querrá decir que vas por el buen camino y que las acciones que estás llevando a cabo son las correctas.

Relevant (Relevante)

Todo objetivo que te propongas requerirá, en la mayoría de los casos, un esfuerzo extra.

Si conseguirlo no supone algo relevante en tu vida profesional o personal, difícilmente le dedicarás el tiempo y la energía necesarias.

Time-Bound (Acotados en el tiempo)

Marca un principio y un fin para cada uno de tus objetivos. No mueras de aburrimiento esperando que se cumplan.

Conclusiones

En este artículo tienes un ejemplo de objetivos SMART. Pero no son los únicos. Hay otras fórmulas y cada una tiene su lugar y momento.

Lo importante es tener claro que cada paso que das en tu estrategia de marketing inmobiliario, debería tener un objetivo y éste ha de cumplir ciertos requisitos.

El marketing digital es algo diferente al tradicional. Los dos tienen objetivos, pero internet te permite controlar mucho más lo que haces, sus resultados y te permite cambiar rápidamente tu estrategia si ves que no es la adecuada.

Imagina que quieres llegar a 50 compradores durante el próximo mes. Para conseguirlo decides utilizar los anuncios de Facebook y por otro un flyer en la zona.

A priori, cualquiera de los dos sistemas puede conseguir el objetivo.

Pero en Facebook puedes ver cuantas personas se han interesado por tu anuncio, cuantas llegan a tu web y qué hacen cuando llegan allí.

Será mucho más fácil para ti determinar en qué punto del proceso tus clientes se pierden y así, tomar decisiones al respecto.

En cambio, cuando repartes un flyer, no hay forma (al menos todavía) de saber qué hacen tus potenciales clientes cuando lo reciben. ¿Lo leen? ¿Hasta dónde leen? ¿Visitan tu página web o te llaman cuando lo leen? ¿O directamente lo tiran a la basura?

Si tenemos en cuenta la metodología SMART, parece claro que conseguir 50 clientes en Facebook durante el próximo mes es un objetivo inteligente. Seguir repartiendo flyers en la zona, quizá no tanto.

Hasta la próxima semana.